David y el viejo

David y el viejo.

“Toc, toc”. Dos golpes secos en la puerta. El viejo descansaba dentro de la casa, en el sillón que tantos domingos en la tarde había recibido su cansado cuerpo. No esperaba a nadie a esa hora, pero sí sabía que tarde o temprano, David, causante de una peste que había afectado la ciudad, iría a visitarlo. Se levantó y caminó hasta quedar a la altura del rabillo del ojo mágico para confirmar quien llamaba. El visitante, era fácilmente reconocible: azulado con una especie de tentáculos que salían de su cuerpo esférico. El viejo abrió la puerta. “Hola, vengo en paz”, dijo el ser que había dañado tanto pulmón en la ciudad, al menos eso decían los noticiarios, los cuales el viejo veía a diario. “Aquí me tienes, debilitado por el encierro, la falta de luz, el ejercicio y el aislamiento social. No tengo como defenderme. He estado cuidándome por meses para no encontrarme contigo, contagiarme y fallecer en un hospital”. “Te diré, querido viejo, que admiro tu esfuerzo, tu temple y paciencia. Sin embargo, no puedo dañarte, pues tú o alguien más debe llevarme a tu boca o nariz”. “¿Por qué te molestaste en venir a verme?” “Detrás mío viene el Trombo. Te vengo a advertir: no soy el único malvado en el barrio. Él no necesitaba ser llevado a su boca o nariz, sino que irá como lanza hacia tu corazón”. “No comprendo, por qué te preocupas por mí salud”. “En un comienzo fue divertido, el contagiar personas y la fama. Ahora hay muchos que no me toman con seriedad. Puede que algunos atribuyan tu deceso a mí, porque encontrarán rastros de mi material genético en tu cuarto”. “Es un tema de reputación entonces”. “Cuando la razón se duerme, los monstruos despiertan. Los humanos están débiles y son presa fácil para nosotros los malvados. Es necesario para nosotros vivir en equilibrio con la salud. Ocupa las herramientas que tienes, cuidate de mí y del Trombo. Que el Miedo no nuble tu pensar”. “Si el Trombo ya, viene es tarde…” “No lo creas, existe la urgencia. En cuanto te duela el pecho o tu cuerpo pierda fuerza, llama a tu familia, una consulta oportuna te salvará”. “Debo irme, ya viene…” El cuarto quedó en silencio, pero sólo por un momento… “Toc, toc….” EL viejo sintió su corazón apretado al escuchar el llamado. Con una mano tomó su pecho y con la otra su teléfono.

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Silvio

Post author: Silvio

Mi nombre es Andrés Silva, soy de Santiago de Chile. Neurólogo, autor y emprendedor.

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